miércoles, 25 de mayo de 2011

El cine de Ousmane Sembène


Ousmane Sembène (1923-2007)
     Durante los meses de abril y mayo de 2011 la Sociedad de Cine de Austin (AFS por sus siglas en inglés) se propuso traer siete películas en 35mm del reconocido novelista y director de cine africano Ousmane Sembène. En la selección incluyeron el corto Borom Saret (1964) y los largometrajes: La noire de... (1966), Mandabi (1968), Emitai (1971), Xala (1975), Ceddo (1977), Camp de Thiaroye (1987) y Guelwaar (1992). Se presentaron cada martes por mes y medio como parte de la serie Essential Cinema en la cual ya se han mostrado retrospectivas de Agnès Varda, Oshima Nagisa, Aki Kaurismaki, Robert Bresson, entre otros. En esta ocasión, decidieron mirar no hacia Europa o Asia, sino hacia ese otro continente muchas veces olvidado que es África. Chale Nafus, Director de programación y Miembro cofundador de AFS, hizo la selección. Nafus, a quien admiro por su devoción al cine y por cofundar esta Sociedad de Cine en Austin, es quien se encarga, entre otras personas, de promocionar el séptimo arte en la ciudad. Gracias a sus esfuerzos, y al de muchos otros cofundadores y organizadores, he podido ver en pantalla grande joyas del cine. Las películas de Sembène son, sin duda, parte de este tesoro.

     La primera joya de Sembène, que también se considera la primera película del cine africano, es La noire de... (1966), protagonizada por M'Bissine Thérèse Diop cuyo papel pasó a ser el debut de esta actriz. En ese entonces, era la primera vez que en Senegal aparecía una mujer negra senegalesa en el cine y esto causó revuelo porque el cine era cosa de blancos. Diop cuenta en sus entrevistas que por esta "transgresión" la acusaron en su pueblo de ser una mujer fácil, de entregarse a las manos de Sembène y que muchas personas, incluyendo su madre, le dejaron de hablar por meses. La película fue entonces mucho más escandalosa de lo que hoy nos podríamos imaginar. A pesar de tales prejuicios, el papel de Diop marcó un hito en la historia del cine porque La noire de... se transformó en el germen del gran cine africano. Quizás la poca experiencia de esta actriz le añadió una atmósfera de documental a la película que hizo que el público simpatizara más con el personaje. Al menos desde mi perspectiva esto es lo que sucede.

 
La noire de... (1966)
     A manera de resumen breve, la película cuenta la historia de una joven senegalesa (Diouana) que consigue trabajo como empleada doméstica de una familia francesa. Como muchas mujeres en Dakar, Diouana sueña con viajar a París para encontrar una mejor vida. Ella viaja pero termina descubriendo otro París que no se imaginaba y que la lleva hacia el vacío. El tema principal, como en muchas películas de este director, es la persistencia del imperialismo francés en las relaciones humanas tanto dentro como fuera de Senegal. En este caso, Sembène lanza su crítica contra el imperialismo acusando a los franceses de ver la cultura africana como un accesorio. Para la familia francesa, Diouana es como la máscara africana colgada en la pared: un adorno. De esta manera, Sembène cuestiona la desigualdad que existe entre lo francés y lo africano, y para ello utiliza el exotismo de la máscara. La misma aparecerá al final de la película en uno de los finales más geniales que he visto. Por ese final, la película es una de las obras maestras de este director.

Mandabi (1968)
     Aunque su primera película es de tono serio, Sembène también supo producir comedias. Pero sus comedias son realmente sátiras en donde existe una crítica por debajo de la risa superficial. Mandabi (1968) y Xala (1975) son dos ejemplos de este tipo de sátiras. La primera, por un lado, retrata el problema de la burocracia senegalesa con el que se encuentra un campesino (Ibrahim Dieng). Luego de recibir dinero en un giro postal que le llega desde París, Dieng no logra cambiarlo porque no posee carné de identidad. De esta manera, Mandabi reflexiona sobre quiénes realmente son ciudadanos en Senegal y cómo algunos grupos son alienados por el estado. Como en La muerte de un burócrata (1966), da risa ver las trabas que le ponen al protagonista y las vueltas que le hacen dar para lograr su objetivo. Pero por debajo de esto está la denuncia de cómo el capitalismo corrompe a las personas porque lo que debería resolverse con una visita al banco resulta mucho más complicado y se presta para trampas y sobornos. Muchos ciudadanos se aprovechan del campesino y abusan de su ignorancia. Así se desenvuelve la película.

 
Xala (1975)
     En Xala, por otro lado, la sátira es de la clase burguesa y de los políticos senegaleses. El Hadji Aboucader Beye, protagonista de este otro filme, aparece como el dueño de un negocio prolífico, con chofer y Mercedes Benz, y bien cercano de los que gobiernan el país. Pero cuando decide casarse con una tercera esposa, la gracia de su fortuna se ve eclipsada por el Xala, o la maldición de la impotencia. Beye, quien parece tener cerca de sesenta años, no es capaz de iniciar sexualmente a su nueva y juvenil esposa por lo que recurre desesperadamente a muchos remedios para recuperar su virilidad. En el vecindario todo el mundo se entera y la maldición es solo el comienzo de su perdición. Aquí también tiene un efecto cómico el patetismo de este personaje que hace de todo para recuperarse. No obstante, sus vínculos con los políticos corruptos y con el lavado de dinero ponen de relieve lo que también lo lleva al precipicio: la corrupción. Es un precipicio fisiológico y de género, con la pérdida de su masculinidad, pero luego también se convierte en uno económico. Entiéndase que la crítica de la burguesía entonces se lanza desde distintos lugares y se lleva al extremo.

 
Emitai (1971)
     Posteriormente, Sembène también utilizó el cine de época para denunciar el abuso del colonialismo francés. Emitai (1971) y Camp de Thiaroye (1987) son dos ejemplos de ello. En ambas películas Sembène revisa el pasado de la segunda guerra mundial para demostrar las injusticias y el sufrimiento senegalés (y africano en general) durante los años cuarenta. El colonialismo francés obligaba a los jóvenes de sus colonias a pelear en el frente de batalla y a ser carne de cañón. Muchos senegaleses así lo fueron y gracias a ellos, y a los demás países aliados, Francia logró expulsar de su territorio a las tropas alemanas. En Emitai, los jóvenes del pueblo de Casamance son capturados, presos y llevados al frente de batalla en contra de su voluntad. Cuando el ejército francés regresa para solicitar comida para los soldados -para abastecer bocas francesas y no senegalesas- las mujeres y madres deciden esconder el arroz y no darles nada. Son ellas quienes lo cultivan y en protesta por sus hijos deciden esconderlo. Esto causa una confrontación entre los soldados franceses y el pueblo de Casamance. Como castigo obligan a las mujeres a pasar horas bajo el sol en lo que alguna se decide a revelar el escondite.

 
Camp de Thiaroye (1987)
     En Camp de Thiaroye surge otra confrontación pero esta vez con los soldados africanos -no solo senegaleses- que regresan a su país tras el triunfo de la segunda guerra mundial. Antes de ponerlos en libertad, estos soldados deben pasar por campos de detención como el de Thiaroye, pueblo en los suburbios de Dakar, que le da título a la película. Allí los soldados africanos comienzan a sufrir injusticias con la comida y con el dinero que le deben por su participación en la guerra. Por tal razón, se rebelan argumentando que no aceptarán el maltrato después de haber peleado por Francia. Y es que, irónicamente, en el ejército los negros podían adquirir rangos de sargento y ser reconocidos, pero de vuelta a África eran tratados como inferiores. El líder de la revuelta es el Sargento Mayor Diatta, a quien el grupo de soldados africanos le pide consejo por su experiencia y conocimiento. Diatta había estudiado en París y era el único que podía comunicarse en wolof, francés e inglés. Es él quien apoya la revuelta y aparece como líder ya no del ejército francés sino del grupo de soldados africanos. Esta rebelión desata represalias y como ocurrió en diciembre de 1944, el campamento de Thiaroye pasó a ser uno de exterminación trazando un paralelo con los campos de concentración nazi. Sembène aquí utiliza el cine para recuperar este momento trágico en la historia de Senegal, un momento que revela mucho sobre la relación de Francia con sus colonias.

Ceddo (1977)
     Alejándose un poco de este colonialismo francés, Sembène también retrata en otras dos de sus películas los choques entre las diferentes religiones que existen en África. En Ceddo (1977), por ejemplo, la tradición africana choca con la musulmana. El Imán, o la persona que dirige el rezo en el Islam, se convierte en una figura muy poderosa dentro de una de las tribus del siglo XIX en Senegal. Para propagar su poder, el Imán obliga a todas las personas de la tribu a convertirse al Islam y los bautiza con otros nombres. Pero la princesa Dior, personaje que representa la tradición africana, se opone a esta conversión y llegará hasta las últimas consecuencias para detenerlo. Su valentía es aquí otro ejemplo del valor femenino que Sembène admira y que ya había aparecido en la mujeres de Emitai

Guelwaar (1992)
     Por otro lado, en Guelwaar (1992) el choque entre las religiones surge cuando el cadáver de un cristiano es enterrado en un cementerio musulmán. La familia cristiana le reclama al estado la desaparición de su cadáver y a medida que se desenvuelve la película descubre que ha ido a parar a manos de otro pueblo. Cuando hacen la reclamación, el pueblo musulmán se rehúsa a devolver al difunto y comienza una guerra religiosa. Los cristianos van con picos y palas a exhumar a su muerto para darle cristiana sepultura pero los musulmanes los esperan con palos y piedras. Ante el choque inminente, aparece el ejército para imponer el orden. También llega un líder político a resolver el problema aunque más bien Sembène lo coloca en escena para burlarse de él. De este modo, tanto en Guelwaar como en Ceddo, este director añade a la ecuación no solo las injusticias por cuestiones de raza y de clase, sino también por religión.

 
Moolaadé (2004)
     Luego de ver estas siete películas pude corroborar que la trayectoria de Ousmane Sembène fue una sólida y prolífica. Todas son grandes películas del cine africano y representan el legado de uno de los mejores directores de cine mundialmente hablando. A esta lista faltaría añadirle varios de sus cortos producidos en los años sesenta, varios documentales y sus dos últimos largometrajes que son Faat Kiné (2000) y Moolaadé (2004), para completar la retrospectiva. En esta última película del 2004, Sembène gira hacia otro tema controversial que es el de la ablación. Habrá que ver qué tiene que decir sobre esa práctica y su relación con la tradición.

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